SEGURIDAD
DE LA NACION.
La Seguridad Nacional se consolidó como categoría política
durante la Guerra Fría, especialmente en las zonas de influencia de Estados
Unidos y, por ende, su patio de atrás: América Latina.
Ella mantuvo al mundo divido en dos sectores: los buenos y
capitalistas; y los malos y comunistas.
ESCUELAS DE LAS AMÉRICAS,
CENTRO DE DIFUSIÓN DE LA DOCTRINA DE SEGURIDAD NACIONAL
Surgida en la década de 1960, influyó en toda Sudamérica,
produciendo permanentes violaciones de los Derechos Humanos por donde se
concretó la estrategia impuesta a sangre y fuego contra el peligro rojo, es
decir, el comunismo.
Los años sesenta trajeron, para el mundo, grandes cambios y
fuertes movimientos sociales, muchos de ellos protagonizados por un sector de la
sociedad que estaba marginado: los jóvenes.
Estos movimientos
tuvieron la característica de ser revolucionarios o por lo menos intentar
serlo.
En 1959, las fuerzas revolucionarias encabezadas por Fidel
Castro y el Che Guevara entraron con la victoria en sus manos en La Habana,
poniendo fin a la dictadura de Batista y dejando a los Estados Unidos sin
representantes en su patio trasero.
Por lo tanto se implantó en América el primer Gobierno
socialista.
Esta nueva idea de Gobierno trajo en la época de la Guerra Fría
dos asuntos que afectarían a todo el continente.
La primera idea es de
presentar y hacer mella triunfante en los sectores juveniles y la otra la
preocupación de Estados Unidos por los destinos de su política internacional,
pues la Revolución Cubana vino a complicar aún más la situación en la medida en
que acentuó la paranoia de las burguesías nacionales comprometidas con el
modelo capitalista.
Esta idea de combatir el comunismo fue introducida en las
Academias Militares de América Latina en la década del sesenta y setenta pero
también fue impuesta en Argelia o Vietnam, entre otros Estados.
En Chile Las FF.AA. se convirtieron en la encarnación del
Estado, la Soberanía y de la Patria misma con el único pretexto de ejercer una
política represiva en detrimento de los habitantes y derecho de los países en
que se actuaba.
Intervenían como árbitros de todos los conflictos, desde los
económicos hasta los sociales y sus jefes militares eran los artífices de
imponer y mantener “el
orden”.
En todas estas dictaduras de la época estaba la mano de esta
doctrina, con un léxico que acompañó durante la mitad del siglo XX la noción
del “enemigo interno” encarnado generalmente en los rebeldes de izquierda o
simplemente en las expresiones contestatarias a estos regímenes militares.
Esta característica de enemigo interno iba desembocando en la
ingobernabilidad democrática, incapacidades ejecutivas de los gobiernos
elegidos popularmente, democracias condicionadas y, a partir de mediados de los
setenta, la irrupción de la tortura, las desapariciones forzadas de personas,
las ejecuciones sumarias y la censura.
La seguridad interna en la región tomó ribetes de represión
brutal, muchas veces mediada por grupos civiles que se convertían en grupos
serviles a Estados Unidos de Norteamérica, dejando de lado el bien común de
todo un país.
Otras características de esta época son la violencia:
En el caso de Argentina, en 1976 fue implantada la violencia y
fueron renovados los métodos antidemocráticos por los jefes de las tres fuerzas
militares que llevaban en su seno.
Por lo tanto la doctrina
de la Seguridad Nacional fue el marco y el soporte ideológico del desarrollo
concreto del plan represivo impuesto por el coloso del norte, Estados Unidos de
Norteamérica, paladín de la libertad de los derechos propios pero no los
ajenos.
Si la existencia de personas secuestradas desaparecidas se
origina en una política desde el Estado, lo que llamamos Terrorismo de Estado,
sus consecuencias no solo afectan a las víctimas y a sus familiares y amigos;
sino que afectan al conjunto de la sociedad y requiere, en consecuencia, una
respuesta, una elaboración y meditación social, pública y política.
En definitiva, las experiencias que en muchos casos mantienen
vivo el dolor irreparable de las ausencias, nos demostraron que la
característica principal ha sido la fragilidad de los sistemas democráticos
como el caso de Chile, Bolivia, Paraguay o Argentina ante las imposiciones “democráticas” de Estados
Unidos.
Las sociedades que no son capaces de enfrentar y hacer justicia
a los responsables de las tragedias que han padecido, suelen reeditarlas y en
Argentina tenemos ejemplos que sobran desde 1955 hasta 1983.
Así lo manifestó la comisión de madres y familiares de los
detenidos-desaparecidos alemanes en la argentina al Sr. Presidente de la
República Alemana, Dr. Richard Von Weizcäcker, en su visita al país en el mes
de mayo de 1987, cuando le manifestaron: ” …señor presidente, algunas madres y
familiares de este grupo sufrieron la desaparición de sus seres queridos
durante el régimen nazi en Alemania, muchos años después volvieron perder a sus
seres queridos en la Argentina.
Por eso aterra la
repetición…”.
El pasado vivido debe servir de experiencia para que no vuelvan
a repetirse los mismos episodios, por eso adhiero a las palabras del fiscal
Julio César Strassera cuando terminó el juicio a las juntas militares en
Argentina diciendo: “Señores
Jueces, Nunca Más”.
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