Al llegar al poder el presidente Chávez encuentra un panorama de debilidad en los procesos de integración regional, por lo que desarrolla un discurso crítico centrado en tres planteamientos fundamentales: 1) son procesos que desarrollan desde una perspectiva capitalista; 2) están en manos de unas élites especializadas, aislados de la ciudadanía y; 3) no ponen en práctica mecanismos que permitan la participación de sectores no gubernamentales. En función de ello se plantea la necesidad de conformar una nueva alternativa, la cual en principio estuvo definida como una contrapropuesta al ALCA.
En este marco inicial de comienzos del siglo XXI, el presidente Chávez plantea la Propuesta “Otra América es Posible”, la cual se convirtió en el concepto orientador de lo que hoy en día se conoce como la Alianza Bolivariana de Nuestros Pueblos de las Américas (ALBA), que se fundamenta en el establecimiento de un nuevo orden centrado en la independencia, soberanía y solidaridad económica.
Se trata de librar una lucha por la segunda independencia frente a los países industrializados, las compañías transnacionales y, más específicamente, los Estados Unidos. Es el bolivarianismo versus el monroísmo, que es un modelo centrado en las relaciones con el Norte. Se busca confrontar al imperialismo. De esta forma, se privilegia un discurso político-ideológico de la integración, retomando la concepción de Simón Bolívar que los países debían colaborar, especialmente en los campos políticos y de defensa, para enfrentar en forma conjunta las posibles amenazas foráneas.
Así, parte importante del discurso venezolano que asume ALBA es la unión de los países con la finalidad de convertir a Suramérica en un bloque autónomo que se convertiría en uno de los polos de poder de un nuevo mundo multipolar. En este sentido se privilegia la unión política con el fin de desarrollar la “nueva integración del Sur”, criticando a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y al Mercado del Sur (Mercosur) pues se considera que estas instancias se fundamentan en las normas del comercio internacional.
En función de la concepción bolivariana de la integración, especialmente a partir de 2004, se inició un proceso de diversificación de la cooperación. En primer término, en relación a las áreas que abarca, pasan a jugar un papel más importante los instrumentos dedicados a la cultura, el transporte, vivienda y hábitat, ciencia y tecnología, comunicaciones y salud. Esta diversificación también incluyó a los países con los cuales se establecieron estos convenios existiendo una tendencia a buscar alianzas extracontinentales con países como Rusia, Irán, China, India, Malí, España, Sudán, Kuwait y Corea del Norte. En el hemisferio se privilegiaron las relaciones con Cuba y Nicaragua, los países del Cono Sur, especialmente Brasil, Argentina y Uruguay, y en la región andina con Bolivia y Ecuador.
Otro aspecto importante de esta nueva visión es el papel que se le da a los movimientos sociales, con los cuales se va estableciendo una relación desde los inicios, especialmente con los movimientos antiglobalización, en especial con el Foro Social Mundial. Se busca incorporar a estos actores sociales, pero sin avances significativos pues solamente se ha logrado conformar tres capítulos nacionales en Bolivia, Cuba y Venezuela, en lo que luce como un proceso de inclusión de redes y organizaciones sociales “desde arriba”.
En este marco, en relación a los diferentes convenios y acuerdos de cooperación en temas de seguridad y defensa, lo primero que debe señalarse son las limitaciones para acceder a este tipo de información pública, pues está restringida por razones de “seguridad nacional”. No obstante se ha encontrado (Jácome, 2007) que en el área judicial la mayor parte de los acuerdos firmados a partir de 1999, se centran en la relación Cuba-Venezuela y que la cooperación con los vecinos ocupa un lugar secundario. En cuanto a los aspectos militares, son públicos dos convenios, uno con Rusia y el otro con Bolivia y se tiene información extra-oficial de la existencia de otros con Irán, China y Bielorrusia. El ámbito en el cual existe una mayor participación en cuanto a la formalización de instrumentos de cooperación es en el de seguridad regional, en la cual también se incluyen los acuerdos energéticos ya que el gobierno venezolano ha definido la seguridad energética como una de sus prioridades.
En el entorno de los organismos internacionales y actores extrarregionales también destaca el incremento notorio de instrumentos a los cuales se ha adherido el gobierno de Venezuela. Ello se debe en gran parte al hecho que después del 11-S se produjo, tanto en la región como en el hemisferio, una dinámica de proliferación de acuerdos en materia de seguridad regional, especialmente en el marco de la CAN. No obstante, esta situación cambió dada la decisión de Venezuela de retirarse de este organismo. Adicionalmente, en los primeros años del actual gobierno éste tomó la decisión de adherirse a varios instrumentos de la Organización de las Naciones Unidas.
En el marco de las relaciones entre los países de América Latina y el Caribe, especialmente en el ámbito de América del Sur, en 2010 -bajo de presidencia pro témpore de Ecuador- se privilegió en el Consejo de Defensa Sudamericano (CDS) de la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur), el desarrollo de estrategias y mecanismos para fomentar las medidas de confianza mutua. Sin embargo, desde la perspectiva del gobierno venezolano continuaron predominando los temas orientados por el nacionalismo y las relaciones bilaterales. En este sentido, en este año destacaron cuatro puntos referidos tanto a las relaciones extrarregionales así como a la dinámica regional en América Latina y el Caribe.
S1 Bolivar Luis (TSU 27)
Fuente: Instituto Lationamericano de Investigaciones Sociales; Libro Digital Fuerza Armada, Estado y Sociedad Civil en Venezuela; autor: Francine Jácome
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